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El Hombre Antiguo – 2008 D.C

Junio 2, 2008

Escrito para: Especialización Comunicación Urbana - Modulo Ciudad Historia

El detalle era estricto y en medio de la textura se contaba una historia.

Tocaba con los ojos cerrados y vivía una experiencia cercana al Braille, persivia como mis manos me narraban cuando los años pasaban y desaparecían, la historia me llamaba y fue justo cuando las llamas afloraban que mis lectura se interrumpió; abrí los ojos de nuevo y había llegado a la ranura que separaba ambas moles, hice caso omiso y continué… las llamas se consumía la historia, cobraban vidas y abrían paso a lo que se vendría: una loma con un empeño único de demostrar que no se daba por vencida y recuperar lo que una ves la identifico en un tiempo de record de 2 años.

Fue esa la clase de historia mas corta y descriptiva que jamás viví.Di un paso atras, levante la mirada y sentí mi cuello traquear, ya imaginaran entonces el ángulo que logre alcanzar, no miento al decir que podrían ser mas de tres veces mi tamaño en altura y  el abrir mis brazos no acaparaba en su totalidad ni siquiera una de esas grandes moles, no hay que ser explícitos para darse cuenta que me encontraba ante algo inmenso, monumental, ante algo que un paso atrás, para mi, ya no significaba nada. 

Las puertas de la catedral de Manizales se cierran con luto para dar oportunidad de leer y ver la historia de sus fuegos, cada día las  puertas se cierran y minutos después acaba la clase de historia para otro sujeto que abandona la “ciudad de dios”  sin que significara nada, nada mágico, claro esta.

Que paso con la magia, con el culto, que paso con la tradición y el rito, que paso con ese hombre (sexo femenino y masculino) que nació en medio de  dios y hoy se aleja de su ciudad sin sentirse atado a nada.

Es un desarraigado quien se dispone a bajar las escaleras de la catedral, es un esceptico a la fuerza que da una mirada atrás y se desconoce como el resultado de una serie de acontecimientos que le dejan una rastros de sangre, muerte, caza, dioses, fertilidad, sacrificio y dolientes, de una manera tan liviana que es parcialmente inconciente.

Baja el primer escalón y sin embargo este sujeto cuestiona su memoria, escarba en sus adentros y recuerda a su familia, recuerda sus mentores y ejemplos, la actitud celebre y la confianza absoluta que depositaban en sus divinidades, recuerda los encuentros y festejos que una ves en su infancia muchas familias compartían, este sujeto revive en su memoria el poder, la seguridad y respeto que proclamaba junto a una sociedad creciente y diferente por sus creencias. Sin embargo, el polo a tierra que define al ser humano moderno y la velocidad del tiempo, no permite que el sujeto se tome unos minutos para poco a poco trasladar sus recuerdos a la actualidad y descubrir como ese lugar de reunión, domicilio y santuario que hoy abandona luego de un éxtasis histórico, en un pasado su construcción fue un acto religioso, un acto que constituía la proyección a imagen y semejanza de sus creencias.

No hay que perder el norte y mirar la realidad: ¿Que podríamos esperar de este sujeto?, finalmente es un escéptico a la fuerza y su entorno le ha hecho olvidar lo que define por palabra RELIGION y conocerla solo por las letras que la conforman. El sujeto esta inmerso en una dinámica desenfrenada, vive dos mudos paralelos donde uno le dictamina que el día tiene 24 horas y debe ser 100% productivo, y otro donde lo local lo llama, la familia aun lo jala y el compromiso de regresar a casa salta en medio de sus tareas y  lo obliga a responder a los dos mundo por igual, nuestro sujeto es un ciudadano mas, un hombre que “honra” y “respeta” su igual.

Otro escalón y las dos dinámicas coexisten en el sujeto, permitiendo que la mente se despeje un instante de las preocupaciones de su ritmo de vida y se encuentre a si mismo de nuevo, el cielo capta su atención y le recuerda aquellos tiempos de transformación cuando el colectivo se fue uniendo y sus dioses domésticos, sus mas allegados, su protección y guía que lo habían llevado tan lejos y conformado como un ser fuerte, fueron superados dando cabida a los dioses distantes… distantes.

Sus ojos se cierran y reconocen hacia sus adentro como por un segundo su escepticismo flaqueo  añorando esos dioses, esa seguridad que ya se muestra como un concepto abstracto. Nuestro sujeto baja la cabeza y retoma la tierra, lugar de sus reyes, otros reyes ya no tan distantes pero si ajenos, lacos de mito y localidad, llenos de logo, mera estética.

Muy brusca empieza la descripción y se muestran débiles los hilos conductores, no es viable preguntar donde quedo la ciudad de dios, la ciudad que incluía seguridad y ritos, es valido preguntar ¿Quien puso la distancia entre el hombre y sus dioses?

Se suma un escalon y el sujeto viaja en la historia, trae a su mente cuando la historia misma le decia que debia creer y todo lo que debia adorar, se remonta a la tradición oral de sus ancestros y pierde señales de lo que sucedió, ¿cuando el poder de dios se lo adjundico un vanal, un humano?

Nuestro indiferente sujeto se desconoce, se desfigura ante el espejo, bloquea su memoria y se limpia de responsabilidades; niega en su conciente la arrogancia que lo llevo de cazador a rey, pero en sus sangre corre la historia, la descendencia, el registro de lo sucedido y en un momento critico, el sujeto es un individuo, se centra en si mismo, cierra los ojos con fuerza se inclina por sus entrañas y casi se arrodilla ante el templo del señor, sin embargo, no alcanza a tocar el escalón cuando la fuerza que cerraba su ojos pone en postura recta su torso , destensiona los fanales y sin renunciar al escepticismo  reconoce ese: “ …hombre singularmente seguro de si mismo se atreviera a soñar , una ciudad entera, obediente a su voluntad, podría hacerlo. Ya no solo las fieras serian sometidas ahora también ríos y montañas, ciénagas y masas de hombres serian atacados colectivamente por mandato del rey y sometidos al orden.”

Otro escalón y no se ve incitado a dar la vuelta y cuestionar su indiferencia, el sujeto reconoce los actos, justifica el proceder, pero en su crisis lo que vio no fue  en solitario; registra en su memoria el actuar de la religión, su responsabilidad en la sobreestimación del cazador y la autoridad otorgada que extendió sus horizontes a un limite fuera de control.

Sus imágenes en la mente lo remontan cuando la adoración se le fue otorgada al “fundador” y el hombre se hizo a si mismo un igual.

El siguiente escalón da una espera mientras una mirada rápida a la catedral  dibuja una sonrisa acompañada con desilusión en su rostro; el sujeto observa los alcances de sus raza emulando la magnificencia de los dioses y representando las potestades del rey con construcciones desbordantes, símbolos colosales y tamaños excluyentes; reflexiona sobre la incongruencia del actuar del humano que se sobrevalora para imitar a los dioses y exceptúa a sus otros y reales iguales (los externos a la autoridad que se estableció como representante de dios).

Los escalones se acaban y la situación ya no tan brusca pero si frustrante lo reclama a tomarse unos minutos en su ajetreado vivir para analizar el ahora, trasladar los recuerdos a la actualidad y hacer seguimiento a las acciones del pasado que dictaminaron el futuro, hoy su presente. Es solo un escalón lo que lo separa de la realidad, de su total y cercano polo a tierra cuando los puntos se unen, se sobreponen, la situaciones se repiten y el sujeto baja los hombros, se siente abrumado, descubre como esta viviendo la realidad  de los círculos viciosos: Descubre que el hombre no evoluciona en este tema de dogma, tan solo repite.

El análisis no fue profundo, tan solo fue un vistazo rápido que reconoció la tribu en los hogares de hoy, donde en cada morada el dios es domestico pues su adoración y comunicación con el es completamente personalizada e individual, identifico los pequeños grupos de oración como paralelos a cuando cierto números de familias se unían a celebrar un culto en común, encontró la similitud de la actitud del hombre antiguo a reconocer un numero muy restringido de divinidades en la tendencia desenfrenada al nacimiento de religiones, dogmas y diversas propuestas religiosas que llenan el vació de alguna u otra manera, hallo el resultado perverso de el culto de adorar al fundador en el estigma que hoy acompaña a la iglesia y la identifica como ente económico, detecto con característica casi permanente en la historia la existencia de el magistrado reuniendo atribuciones sacerdotales y políticas, nuestro sujeto sencillamente vio su actuar como la proyección del hombre antiguo.

El sujeto abandona el ultimo escalon, gira en búsqueda de su camino y de reojo detalla su clase de historia, la pone en contexto y reconoce un templo, un monumento y nada mas,                                                  enfoca la mirada en su camino y se reafirma: no es un problema de credo, es la necesidad de hacer masiva la religión.

(El espacio esta abierto para poner el nombre de aquel se identifique como nuestro sujeto.)

 


La ciudad en la historia, Lewis Munford, Ediciones infinito, 1979, Capitulo II, pag 45

 

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